jueves 1 de marzo de 2012

This is Washington

Washington huele a política. Respira a política. Diría que hasta dibuja política. No importa donde camines, porque verás correr entre dos parques a un fornido hombretón o a una delgada chica que se asemejan curiosamente a agentes de seguridad encubiertos. No importa por donde transites, porque te encontrarás hombres y mujeres bien vestidos llevando maletines gubernamentales, cargados de políticas, pesados de política. No importa por donde pasees, porque hallarás a transeúntes hablando del Presidente, de las elecciones, de los lobbys, de Irán, de Venezuela, del Capitolio o de tal o cual congresista. No importa donde estés...En Washington, siempre serás política. Te guste o no. Y a mí me gusta.

Me gusta ese tufillo a poder, esa sensación de que a tu alrededor se cuece algo, de que quizás estás siendo testigo de algún cambio importante en el mundo y tal vez se ha firmado en la mesa de al lado. Sientes que eres protagonista de una novela de Le Carré con espías que no lo son, agentes encubiertos que no lo parecen y malos que tratan de serlo. Todo es una película. Y decides ser parte del repertorio. No cualquier extra. Quieres ser el actor o la actriz principal.

Así me he sentido en esta semana de sensaciones increíbles. Volé a Washington a dar una conferencia-taller, en la que expliqué a asesores y candidatos cómo se puede pasar del discurso de campaña al discurso de gobierno sin perder la confianza de los ciudadanos. Recogí el Victory Awards 2012 al consultor del año en Comunicación. Una vez allí me ofrecieron presentar la gala. Conocí gente maravillosa, colegas a los que sigo, admiro, y con los que aprendo. Visité la George Washington University, el Lincoln Memorial, el Capitolio, la Casa Blanca, la sede de Microsoft, el Newseum... y hasta tuve una fuerte indigestión, provocada seguramente por alguno de esos agentes encubiertos que detectaron que en la capital política del mundo yo iba a hablar... de comunicación.

Pero me gustaba. Porque yo era el actor principal de esa peli de espías. Mi peli. Por ello, cuando pasé frente a la fuerte del FBI, en cuya placa principal aparecía el nombre del hombre que acojonó durante años a poderosos y humildes en aquel país, J. Edgar Hoover, un frío estremecimiento recorrió mi cuerpo. Me atreví a desafiar las medidas de seguridad acercándome más de la cuenta a la puerta de entrada. Eso, en el país de la desconfianza, era una posible amenaza. En cualquier momento cuerpos de élite saldrán por esa puerta para detenerme. Pero nada de eso sucedió. Una foto con flash, una mirada de admiración a un edificio bañado de banderas y mis compañeros de aventuras avisándome de que el camino continuaba. Y esto solo fue el primer día.

Por eso me gusta Washington. Huele a esos alimentos que siempre deseé cocinar. Por eso le dije a Lincoln, mirándole a los ojos, frente a esa estatua que observa el infinito de una nación incompleta, que volvería. Y se lo dije declamando en alto la frase que corona su cabeza, esa que la propia ciudad de Washington, EEUU y el mundo entero, le consagraron en su honor.

                                       IN THIS TEMPLE                                               
AS IN THE HEARTS OF THE PEOPLE           
FOR WHOM HE SAVED THE UNION            
THE MEMORY OF ABRAHAM LINCOLN       
IS ENSHRINED FOREVER       

 EN ESTE TEMPLO
 COMO EN LOS CORAZONES DE LA GENTE
   POR LA QUE SALVÓ LA UNIÓN
 LA MEMORIA DE ABRAHAM LINCOLN
                          ESTARÁ CONSAGRADA PARA SIEMPRE

This is Washington. Quién la ha visto, lo sabe.
Pues eso


lunes 6 de febrero de 2012

MANIFIESTO DEL BUEN CONSULTOR POLÍTICO



Este post no pretende ser una declaración de intenciones. Ni siquiera una flagelación pública o una verdad absoluta. Tampoco un alegato de condena contra nadie ni nadie. Este post es sencillamente una mirada, cruel y descarnada de nuestra experiencia como consultores políticos que han colaborado con varios gobiernos internacionales, apoyado el diseño de campañas internas y de elección ciudadana y creado cientos de estrategias para candidaturas a todos los estamentos posibles dentro del panorama político y empresarial. Este post es una opinión, sí, una opinión (y por tanto subjetiva) sin vendas ni mordazas cuando acabamos de recibir la noticia de ser dos de los galardonados por el llamado "Pulitzer" de la consultoría política y que recibiremos en Washington el próximo 22 de febrero. Es ahora, que nuestra voz está más legitimada que nunca, cuando podemos escribir sobre esta profesión. Sabemos de lo que hablamos porque primero hablamos de lo que sabemos.

Seamos claros, al igual que la abogacía, esta profesión nació para generar una necesidad social endogámica que va sumando complejidades al proceso para que solo los expertos puedan dedicarse a ello, excluyendo en todo caso la posibilidad de la propia representación ciudadana, o en nuestro caso, política. Resulta, que hubo un tiempo en el que alguien consideraba que no podía defenderse de las acusaciones vertidas contra su persona por su falta de  liderazgo o de carisma, o bien porque no poseía las habilidades necesarias para ello. Y como tenía dinero, contrató a un intermediario. No se trataba de ser justos o no, sino de que alguien buscaba el favor del juez gracias a ese intermediario. De ahí la famosa sentencia "Las leyes son interpretables". Pero no, las leyes no son interpretables. Está la ley, hacer las cosas fuera de la ley... y contratar un buen abogado y que te absuelvan por ello. Al final por lo tanto, no hay una justicia universal, sino buenos o malos abogados. Como decía Eduardo Galeano, "la justicia es como las serpientes. Sólo muerde a los descalzos" .

La Política, como la Justicia, también nació para conseguir el bien común. Como a nosotros nos gusta definirla, "es el sacrificio individual a favor del bien colectivo". Quien se dedique a ella tiene que ser fiel a esa máxima. Y sí, ya sabemos que cada vez que decimos esto hay personas que se llevan las manos a la cabeza pensando en la corrupción, los privilegios o los altos sueldos políticos. Es en ese momento cuando remarcamos la palabra "Política, en mayúsculas". Corruptos, privilegiados y personas con altos e injustos sueldos los hay en todas las profesiones. Y aunque es cierto que si estos existen en Política se acaba con ese principio de Max Weber “estar para servir y no para servirse”, no es menos cierto que no existe ningún buen profesional de la consultoría política que apoye, legitime o justifique que esas personas se mantengan en otro lugar que no sea en la cárcel o en la inhabilitación. Consideramos, por tanto, que quien está por beneficios y no por principios sobra en esta profesión, y quienes contribuyen a ocultar o vender mejor la ignominia bajo la máscara de profesionales de la ayuda, también.

La Política es en esencia, por lo tanto, la lucha de unos ideales de sociedad. Es la apuesta por el beneficio común. Es la ejecución del progreso, de la mejora continua. Es la proyección de unas personas como líderes de una sociedad que necesita canalizar sus pretensiones y necesidades, organizando los recursos jerárquicos, de poder y económicos de la manera más inteligente para el país, la sociedad y el futuro... Y todo lo que no sea esto, independientemente de nuestras ideologías, merece la indignación social.

Pero como comenzábamos hablando de la necesidad endogámica de esta profesión, este no es un artículo fácil, al menos no para nosotros como parte implicada. Ya que si bien tratábamos del concepto de justicia y política a modo introductorio, es hora de abordar el verdadero motivo de este artículo.

¿Por qué es la consultoría política un mal necesario? Lo resumiremos de una forma sencilla; Si una persona con pocas posibilidades o habilidades necesita la posibilidad de enfrentarse a la justicia con equidad y ya que la política es el arte del sacrificio personal por la conquista del bien común, ¿acaso no merece una persona con ideología, soluciones y ética llegar al poder para ejecutar la política, aunque su falta de habilidades comunicativas, estrategias electorales o de negociación sean evidentes? Es ahí donde adquiere sentido la consultoría política profesional. Como facilitadores de la ética, potenciadores de la ideología y catalizadores del bien común, ya que con su trabajo, se facilita, potencia y cataliza el éxito de las candidaturas políticas y la correcta ejecución de las medidas tomadas. Ni más, ni menos. Nació para eso y debe crecer con eso.

Evidentemente, y como no podía ser de otro modo, en esta exquisita profesión también existen quienes se corrompen, quienes usan sus privilegios o quienes viven sembrando un nombre y enquistando la participación de terceros. Y es por ello que en nuestra humilde opinión, no son buenos profesionales de la consultoría política aquellas personas que:

1. Someten sus decisiones al arbitrario juicio del servilismo. Ya que esas personas, también denominadas "yesman" se convierten en sombras de sus asesorados y juegan con la vanidad de estos al darles siempre la razón. La buena consultoría cuestiona, evalúa, somete a la crítica constructiva e incluso se opone a las creencias de su asesorado para generar con ello una idea mejor, global y válida para toda la ciudadanía.

2.  Se construyen su vivienda a la sombra de un personaje. Ya que finalmente no priorizará la ética y el equilibrio en sus decisiones sino el mantenimiento de su puesto bajo el egoísmo de permanecer en el poder sin haber pasado por las urnas o el de su asesorado, sin que ello genere un beneficio real a la ciudadanía. La buena consultoría se expone, cambia de candidatos, refresca sus planteamientos e ideario y está en constante movimiento.

3.  Trabajan de su pasado, no del presente. Ya que viven de haber conseguido un rédito político en campañas electorales de hace más de una década y con su apellido y posicionamiento basado en las amistades impiden que nuevas técnicas o estrategias se establezcan como procesos productivos para sus asesorados. La buena consultoría investiga, lee, crece, bebe de otros profesionales, cede sus espacios en equipos colaborativos y sobre todo, deja de pensar en el pasado para pensar en qué puede crear en el futuro. Coopera y comparte, no exclusiviza su talento, sea este mayor o menor.

4.  Recelan de quienes no son las amistades de sus asesorados. Ya que ocupan puestos de confianza gracias a la amistad y seguramente el compadreo que ha permitido que gracias a sus artes, el ahora político con cargo, esté eternamente agradecido. Este perfil es el más habitual en la consultoría política. Su falta de escrúpulos, de conocimiento técnico, de estudios relativos y de la experiencia en mercado, son la mayor fuente de errores a los que nuestros políticos y por ende, la ciudadanía se ven sometidos. Recelan de todo lo que sea externo y se rodean de equipos mediocres esperando en definitiva, que en esas circunstancias puedan brillar. La buena consultoría política se basa en la profesionalidad, en poner en valor el talento individual al servicio de un EQUIPO, en hacer brillante a este mismo equipo, en conciencia de creación, de bien común y por supuesto, de construcción de valor para ser el mejor, no destrucción del resto para ser el menos malo. 

5.  Venden lo que no son y publicitan la sombra de lo quieren ser. Son apóstoles de la impostura, notarios de la falsedad. Piensan que son más de lo que creen ser, y dominan menos el contexto profesional de lo que parece. Hablan de humildad desde el ego. Son reconocibles, son detectables. Les oirás pontificar a diario desde su homilía de la vanidad.

Pero no se desanime estimado lector, que este artículo no tendría sentido si no buscase una catarsis de tan digna profesión de la cual nos sentimos tremendamente orgullosos de pertenecer. No ahora que nos dan un Victory Award en Washington. No cuando el reconocimiento internacional nos hace dar ponencias sobre este sector en diferentes países. Ni siquiera cuando dos presidentes del gobierno nos han dicho "buen trabajo" mirándonos a los ojos. No. Nos sentimos orgullosos de pertenecer a esta profesión porque si creemos en algo de todo esto que llamamos política, es en que con nuestra labor profesional ayudamos a que los mejores lleguen a gobernarnos de manera más preparada y puedan transmitir y ejecutar mejor las políticas que generarán ese bien común. Esa evolución de la sociedad. Esa mejora continua. Creemos en ella porque creamos felicidad a través de las palabras y crecemos con quienes nos rodean y hacen mejores cada día. Creer para crear y crecer. Es nuestra filosofía, abierta a todo el mundo que desee sumarse a ella.

Es por eso y gracias a ese pensamiento lateral y proactivo que creemos necesario para desempeñar nuestra labor y desde la mayor humildad de quienes aún tienen mucho que aprender en este sector, aportamos un decálogo a modo de código deontológico, que independientemente de ideologías, lugares geográficos o momentos temporales, sirva a cualquier consultor para reflejarse como si fuese en el espejo de la verdad y juzgar su labor.

1. Prepárate: Lee el doble de lo que escribas. 

2. Rodéate: de los mejores, aunque estén a kilómetros de distancia. 

3. Fideliza: a tus compañeros. Sé fiel a ellos y a tus ideas. 

4. Reconoce: los éxitos con humildad y compártelo con todos. Pero asume los fracasos como si fueras su único padre.

5. Escóndete: La estrella no eres tú, sino tu candidato, tu político, tu cliente, tu amigo. Tú sólo le ayudas a hacer mejor su trabajo.

6. Calla: No eres un periodista, que revela información o filtra noticias. El síndrome de “garganta profunda” es incompatible con la profesión de consultor.

7. Cuida: a la opinión publicada (la prensa) sin olvidar a la opinión pública (los ciudadanos). Tu trabajo tiene que enfocarse en satisfacer a los segundos, no en contentar a los primeros.

8. Esfuérzate: por entregar lo mejor en cada momento, aunque no sea lo que la otra persona espera escuchar y merece verdaderamente tu puesto, tu salario, tu reconocimiento...

9. Olvida: la política es una lucha de pasiones. No guardes rencor o el odio te acabará cegando. Olvida tras la batalla tanto la victoria como la derrota. O al menos, relativízalas.

         10. Cambia: De persona a la que asesoras, de estrategias, de lo que dices y de cómo lo
dices. No te enquistes y no envejezcas mentalmente buscando la autoconservación.

Un sencillo decálogo. Nuestro decálogo. ¿Vuestro decálogo? Una base que cada persona que tiene la enorme responsabilidad de asesorar a los dirigentes políticos debería asumir como propia. Un lienzo blanco sobre el que pintar las diferencias que mantienen viva esta profesión y a la consultoría política. Un folio puro, sano, equilibrado y profesional. No importa con qué colores lo cubras, ya que la base siempre será blanca.

Somos consultores políticos y estamos orgullosos de hablar sobre nuestra profesión. De manera clara y sin mordazas. De forma directa y con ilusión. Sabiendo de lo que hablamos porque hablamos de lo que sabemos. Sólo así conseguiremos alcanzar el éxito en la mayor campaña que existe: la de alcanzar nuestro respeto interior. La de conseguir la credibilidad de quienes nos rodean. No hemos venido aquí a combatir, sino a debatir, no a luchar, sino a cultivar. Esta es una semilla que quiere regar una profesión maravillosa, la Política, para que no se marchiten los principios que siempre la han fundamentado.


Fran Carrillo (Director de La Fábrica de Discursos)
Rubén Turienzo (Director de Influencia Social)

domingo 5 de febrero de 2012

La política sobreactuada no gana


Y ganó Rubalcaba. El Congreso que tenía que elegir al nuevo Secretario General del PSOE decidió el continuismo felipista que supone la línea representada por Alfredo en detrimento de la regeneración zapaterista que encabezaba Carmen. No ha sido por muchos votos (487 frente a 465), apenas 22, lo que confirma la división de un partido hasta hace poco prieto en sus filas y férreo en sus ideas. Pero la pregunta es ¿por qué ganó Rubalcaba? Muchos analistas afirman que, al igual que el discurso de Zapatero en el 2000 le hizo ganar la Secretaría General frente a los favoritos Bono y Rosa Díez, a Chacón ha sido precisamente su discurso quien le ha podido apartar de su sueño. Sí y no.

Porque Chacón no ha equivocado la elección de los mensajes, sino la forma de transmitirlos, de focalizarlos. Cuando se yerra en las formas, el fondo queda solapado en el prejuicio del oyente. En el fondo, todo es forma, pensaría Chacón ( o sus áulicos asesores), cuyo estilo comunicativo fue muy marketiniano, al estilo norteamericano, de target definido. Tiene quien le mece la pluma, un colega de reputado prestigio y que sabe de qué va esto. Pero creo que se excedieron en la forma en la que le asesoraron cómo debía trasladar las ideas a la memoria del delegado. No era gritando, sino susurrando, no era flexionando la voz (torturándola en algunos casos), sino reflexionando la mente. 

Chacón ha intentado llevar en volandas con las manos allá donde no alcanzaba con las palabras. Quería que le acompañaran emocionalmente donde las razones no llegaban. Y eso, ante delegados que han tenido a un líder como Felipe González, sólo eso, no es suficiente. Donde no llegan las ideas, no debe llegar tu voz.

Su discurso ha sido extremadamente pasional, donde el abuso de mantras (esa frase o conceptos que por sí mismos pueden resumir la esencia del discurso), de lemas y eslóganes le han perjudicado. Demasiada sobreactuación en momentos en los que se pedía concreción y senda dirigida. ¿A dónde teníamos que seguirte, Carme? Le preguntaban los delegados inconscientemente. Chacón sólo gritaba desaforada y discurseaba con tono predicador: “ni un paso atrás en los avances de estos años”, " si decimos cambio, hacemos cambio" o "el socialismo es una necesidad. Estad orgullosos", parecían sacados de la fábrica mental de un equipo  de asesores experimentados (que lo son quienes trabajaron con ella). Pero ayer no se trataba de activar ninguna maquinaria electoral. No era un mitín cualquiera en elecciones. El contexto determina los conceptos a lanzar, no al contrario. Ahí residió, a mi modo de ver, el principal error de Chacón. Y por ello desaprovechó la oportunidad, quizá la última, de liderar el partido más antiguo de España.  El mismo Joaquín Leguina, un histórico del partido, resume a la perfección lo ocurrido: "Los males que hoy aquejan al PSOE no se curan con un par de fotos ni tres eslóganes".

El ganador, Rubalcaba, que había hecho notar su nerviosismo en los últimos días, ofreció un discurso ganador, sólido en el fondo, correcto en las formas, sin aspavientos retóricos ni concesiones publicitarias. No hablaba para pasar a la historia, sino para convencer de que su historia es la mejor. Un discurso de ideas y propuestas, ofreciendo enemigos en bandeja (avisó con revisar los acuerdos con la Santa Sede). Ha explicado donde Chacón sólo daba el titular. Un discurso que retornaba a las esencias de su partido: “somos herederos de un partido con 130 años” y que recordaba la historia más reciente: “somos los administradores de un legado que ha logrado la mayor transformación de España”. 

Un discurso de ideas que mezcló tronco de antaño con savia nueva, es decir, respeto por la historia sin "perder de vista las conquistas sociales recientes". Eso caló más en unos delegados controlados en su 50% por un aparato reticente a esas proclamas. Se gana con la razón, aunque se conquiste desde el corazón. Chacón optó por lo segundo y perdió. Paradójicamente, pudo convencer en los mensajes, en la sustancia de los mismos, pero no venció en la forma de hacerlos llegar. Siempre digo que más importante que el mensaje es la entonación y el ritmo que se la da para que la realidad del emisor vaya alineada con la percepción del receptor.  Si el tono y el ritmo son inadecuados (Chacón gritaba, perdía fuelle, soltó persistentes gallos y hasta tuvo un ligero ataque de afonía) la percepción del emisor, a pesar de ser quien manda en la comunicación, siempre será negativa. Conclusión: la política sobreactuada comunica, pero no gana. La realidad vuelve a superar los marcos de un lenguaje creado para la ocasión.

El argumentario del ganador, eso sí, volvió a relucir en contra del actual Gobierno, algo que excitó aún más a esas bases sedientas de autoestima, confianza y regeneración. Curioso que quien le diera (y le dará) jarabe de palo a la oposición sea el autor del brebaje comunicativo más longevo que tiene el PSOE actualmente junto con Alfonso Guerra.

No obstante, considero que el PSOE ha perdido una oportunidad de oro para renovarse. El Partido que habla de igualdad, de colectivo, de feminismo, de modernidad, acaba eligiendo lo mismo de siempre, lo antiguo, al individuo por encima del equipo, al hombre y no a la mujer. Una cosa es predicar con las palabras y otra abdicar con hechos. Esta vez, a Alfredo, en Sevilla, sí le han creído.